Los Jesuitas

the-jesuistsLos Jesuitas, o Compañía de Jesús, el título oficial, nacieron en la Amistad de seis estudiantes compañeros reunidos por Ignacio de Loyola en la Universidad de Paris en la década de 1530. Cuando su proyecto original de ir como misioneros a Palestina quedó bloqueado por guerra, ellos se pusieron al servicio del Papa Pablo III. Gradualmente se veían en la necesidad de tener reglas y estructuras en su grupo si su trabajo y unión sirviendo a Dios fueron a continuarse y florecer. Ellos formaron una Congregación religiosa y eligieron a Loyola como su primer superior general. La nueva congregación recibió aprobación papal en 1540.
Las Congregaciones medievales tales como los Benedictinos, Dominicos y Franciscanos trataron de mezclar ministerio pastoral con la oración; los Jesuitas inclinaron la balanza fuertemente en favor de servicio a otros, empeñándose a encontrar a Dios precisamente en un ministerio activo.
La Iglesia Católica confrontaba la crisis de la Reforma Protestante cuando se formaron los Jesuitas. Por su separación de Roma, los Protestantes trataron de fomentar una Reforma del catolicismo. El Concilio de Trento clarificó la doctrina católica; los Papas en general dejaron sus juegos políticos de poder y patrocinado de los artes para buscar un renacimiento religioso; aparecieron nuevas congregaciones religiosas—capuchinos, Ursulinas, Oratorianos, y, además, los Jesuitas.
Al principio los Jesuitas crecieron lentamente en el norte de Europa, pero rápidamente en España y aún más rápidamente en Portugal y Sicilia, donde hubo una amenaza de Islam y no de Martin Lutero.
Por 1565 hubo unos 3,500 Jesuitas y por 1626 los Jesuitas probablemente llegaron a su cénit de su influencia y alcanzaron tener 15,544 miembros. Su crecimiento fue más lento durante el siglo siguiente principalmente porque carecía dinero para formar candidatos.
Los primeros Jesuitas lograron prestigio como predicadores, reformadores de conventos y misioneros, sin embargo en 1548 los Jesuitas abrieron su primer colegio para alumnos laicos en Mesina, Sicilia. Fue un éxito instantáneo y abundaron peticiones a Roma de la Europa católica para más colegios de los Jesuitas. Muy pronto educación llegó a ser el ministerio principal de los Jesuitas. Por 1579 los Jesuitas mantuvieron 144 colegios (alumnos entre doce y veinte años) en Europa, Asia, y América Latina. Por 1749 los Jesuitas trabajaron en 669 colegios y 235 seminarios por todo el mundo. El sistema jesuita de educación, construido sobre un currículo designado por humanistas del Renacimiento, fue codificado en el Ratio Studiorum en 1599. Ese método controlaba la educación hasta finales del siglo diecinueve, cuando universidades Jesuitas Americanas empezaron a hacer adaptaciones a las condiciones de los Estados Unidos de América.
La Universidad de Marquette fue pionera en la educación de mujeres, al principio en enfermería y educación y luego en otras disciplinas.
Acompañando la educación vino la publicación de libros—textos, catecismos, obras eruditos de teología y filosofía, respuestas a la polémica Protestante, estudios bíblicos, obras de drama escritas para producción en centros de estudio de los Jesuitas, descripciones de gente y lugares visitados por los misioneros jesuitas. Fueron los Jesuitas que presentaron la ciencia y filosofía del Oeste a China.

Trabajo misionero siempre ha sido entre los más premiados de los ministerios Jesuíticos, desde Francisco Javier hasta el presente. En el tiempo de Loyola, se abrieron misiones en África, India, Malasia, Indonesia y Japón. Más tarde hubo Jesuitas en las misiones de América del Norte y del Sur.
Frecuentemente los Jesuitas tuvieron que trabajar a escondidos en países cuyos gobiernos perseguían a los católicos y muchos sufrieron el martirio—como Edmundo Campion, Pablo Miki y Miguel Pro.

Los Jesuitas han tenido muchos enemigos por muchas razones diferentes durante su larga historia. Mediados del siglo dieciocho fueron odiados por filósofos, muchos de ellos deístas, por su fe religiosa. Los Déspotas Ilustrados desconfiaron de los Jesuitas por que estos se opusieron al creciente control estatal y apoyaron al Papa. Los Reyes de Portugal, Francia, España y Nápoles, instados por sus consejeros quienes fueron discípulos de las filosofías, primero botaron los Jesuitas de sus reinos y luego forzaron al Papa a suprimir la Congregación en todo el mundo en 1773. Gracias a una tecnicidad en el documento de supresión y por la benevolencia de Caterina la Grande, los Jesuitas sobrevivieron en Rusia.

A causa de la supresión, los Jesuitas jugaron un rol muy pequeño en las primeras décadas de la Iglesia Católica en América del Norte. Sin embargo, un ex – Jesuita, John Carroll, fue el primer Obispo norteamericano. Otros antiguos Jesuitas, notablemente Pierre de la Cloriviere, tuvieron papeles cruciales en la fundación de congregaciones de hermanas religiosas docentes, quienes fueron el dorso espinal de la educación Católica en Norteamérica durante el periodo de 1850-1960.

Después de la era de la Revolución Francesa y Napoleón, hubo una reacción a las ideas del Lustramiento y un renacimiento religioso. El Papa Pio VII restableció a los Jesuitas mundialmente en 1814. Por 1830 hubo más que 2,137 Jesuitas, por 1900 hubo 15,073. La cúspide llegó a mediados de los sesenta con 36,000 Jesuitas. Los Jesuitas siguen como la Congregación religiosa masculina más grande de la Iglesia.

Los Jesuitas continúan la operación de una red de escuelas mundialmente, especialmente en los Estados Unidos de América, donde dirigen veintiocho universidad, casi todas en ciudades grandes, y cuarenta y seis Colegios segundarios. También los Jesuitas tienen universidades en ciudades como Roma, Madrid, Beirut, Manila, Tokio, Seúl, México, D.F., Lima, etc.

Revistas de los Jesuitas existen en casi todos los idiomas principales del mundo y hay unos 500 Jesuitas trabajando en el medio de comunicaciones, principalmente en el Tercer Mundo.

Los Jesuitas continúan a trabajar en todo el mundo, desde escuelas prestigiosas a campos de refugiados tratando de hacer lo mejor que pueden para la “Mayor Honor y Gloria de Dios” – A.M.D.G.

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