Acerca de San Ignacio

san-ignatiusIgnacio de Loyola (1491–1556) nació en el norte de España a una familia noble vasco en el Castillo llamado Loyola. En año que nació Fernando e Isabela conquistaron a Granada, el último bastión de los Moros en España y mandaron a Cristóbal Colon a buscar la China. Una década más tarde dos hermanos de Loyola pertenecían a los ejércitos españoles que conquistaron Nápoles mientras otro hermano ayudó a reprimir una revolución en Granada y un cuarto viajó a América.

Durante una gran parte de su juventud, Loyola actuó como paje a dos cortes nobles y durante sus años veinte sirvió como cortesano y escuchó hablar de un fraile obscuro, Martin Lutero, quien cuestionaba lo básico de la Cristiandad medieval.

Loyola no había recibido un entrenamiento profesional como soldado, sin embargo como era un cortesano se esperaba que tomara la espada y la usara en emergencias. Así lo hiso cuando los Franceses invadieron el norte de España en 1521. Loyola fue herido tratando de defender la ciudad de Pamplona; impresionados por su valor, sus captores franceses lo mandaron al castillo de Loyola para recuperarse.

Allí empezó a leer las vidas de Cristo y de los santos cuando no hubo novelas de caballerosidad. Gradualmente empezó a dar cuenta que sus fantasías de imitar a los santos sirviendo a Dios le dio más gozo interior que sus fantasías sobre hazañas caballerescas. Determinó hacer un peregrinaje a Jerusalén y vivir allí. Se dirigió al puerto de Barcelona, pero se detuvo unos poco días en el pueblo pequeño de Manresa para escribir sus apuntes espirituales. Su parada duró unos diez meses y meditaba la vida de Cristo. Sus oraciones se profundizaron poco a poco en experiencias místicas.

Los apuntes que escribió en Manresa llegaron a ser el núcleo de su gran libro, Los Ejercicios Espirituales, que permitió a otros compartir sus percepciones y experiencias. Durante los próximos veinte años Loyola añadió a esos apuntes y dirigió varios discípulos suyos por los Ejercicios, un retiro espiritual de treinta días. Los Ejercicios Espirituales se dividen en cuatro “semanas”. La primera trata del fin de la vida, la segunda sobre la vida pública de Cristo, la tercera como su pasión y muerte y la cuarta sobre su resurrección.

La primera edición de los Ejercicios Espirituales apareció en Roma en 1548. Desde entonces ese pequeño libro, desprovisto de gracia literaria, pero poderoso en enseñanza, ha gozado de 5,000 ediciones en docenas de idiomas.

Pasando por Barcelona, Roma y Venecia, Loyola llegó a Jerusalén a mediados de 1523, pero las autoridades eclesiales insistieron que volviera a Europa. Luego decidió que si quisiera ayudar a otros encontrarse con Cristo, necesitaría una educación. A la edad de treinta y tres, arrodeado por muchachos adolecentes, pasó dos años en la escuela primaria de Barcelona aprendiendo suficiente latín para matricularse en la universidad. Luego asistió a las universidades de Alcalá y Salamanca. Desgraciadamente en ambos sitios sus esfuerzos para llevar otros a Cristo despertaron sospechas de la Inquisición y otras autoridades.

Sus esfuerzos también cortaron su tiempo de estudio. Loyola determinó trasladarse a la Universidad de Paris, donde podría recibir una formación más sistemática. En Paris, Loyola, como estudiantes de todos los tiempos, no tuvo dinero y por eso mendigo de comerciantes ricos para mantenerse.
Dos años después de su llegada recibió un nuevo alojamiento, donde su compañero de cuarto fue el Beato Pedro Fabro y San Francisco Javier.

Gradualmente los ganó a sus ideales espirituales y poco después atrajo cuatro más. Los siete compañeros eran de origen internacional: dos vascos, tres de Castilla, uno de Portugal y uno de Saboya. En 1534 aquellos siete hombres pronunciaron sus votos de pobreza y castidad e hicieron una promesa de trabajar para almas en Palestina cuando terminaron sus estudios. Si no pudieran viajar a Palestina, se pondrían al servicio del Papa.

Loyola regresó a España para arreglar sus asuntos y recuperar su salud. Luego se fue a Venecia a esperar a sus compañeros (mas varios nuevos afiliados) y hacerse al mar para Palestina. Sin embargo la guerra entre Venecia y los turcos musulmanes en 1537 canceló su salida. Ellos se pusieron al servicio del Papa Pablo III, quien los usó como predicadores y maestros.

Los compañeros decidieron que necesitara más estructura si fueran a servir a Dios eficazmente. Discutieron formas de organizar su trabajo y su vida común. Loyola escribió un documento reflejando sus discusiones y lo presentó al Papa Pablo III, quien dio su aprobación oral al orden religioso nuevo en 1540. Sus compañeros eligieron Loyola su primer general superior. Para el resto de su vida Loyola trabajo el borrador de 1540 hasta terminar las largas y elaboradas Constituciones de la Compañía de Jesús, que fueron aprobadas poco después de su muerte.

El nuevo orden creció muy rápidamente, añadiendo miles de miembros antes de la muerte de Loyola. A diferencia de ordenes más antiguas, los Jesuitas no cantaban el Oficio Divino que decían los sacerdotes tradicionalmente en coro sino solo lo leyeron en privado. Esto permitió que tuvieran más tiempo para sus ministerios apostólicos que pronto se presentaron. Francisco Javier llegó a ser un gran misionero en Asia.

De pocas ganas, los Jesuitas abrieron escuelas y colegios, sin embargo, educación gradualmente se convirtió en su obra principal. Varios Jesuitas sirvieron como Nuncios o embajadores papales. Otros predicaron, trabajaron en parroquias y dieron los Ejercicios Espirituales. Dos de los primeros compañeros de Loyola de Paris sirvieron de capellanes en las fuerzas armadas del Emperador Carlos V, uno en Alemania y otro en África.

Durante los últimos quince años de vida Loyola fue un místico y administrador. Alternó su tiempo entre la oración y el trabajo de papeles—algo como siete mil de sus cartas han sobrevivido. También encontró tiempo para varios ministerios personales. Organizó a las mujeres nobles para recuperar a jóvenes mujeres de la prostitución, creando una casa de rehabilitación para ellas. Aun abrió un convento para ex-prostitutas. Creó un hogar para niñas abandonadas y refinanció un hogar similar para muchachos.

Urgido por sus compañeros, escribió una autobiografía de su vida temprano, sin embargo quemó la mayoría de sus apuntes espirituales privados poco antes de su muerte el 31 de julio de 1556.

Fue canonizado en 1622.

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