El Examen de Consciencia

by Dennis Hamm, S.J.

ignatius-prayerEl examen, o examinación, de consciencia es una práctica antigua en la Iglesia. De hecho, aun antes de Cristianismo, los discípulos de Pitágoras y los Estoicos promovieron una versión de la práctica. Es lo que nos ensenaron a la mayoría de nosotros católicos hacer para preparar la confesión. En aquella forma el examen fue cuestión de examinar su vida en términos de los diez mandamientos para ver como su comportamiento diario coincidía con aquel criterio divino. San Ignacio incluía el examen como uno de los ejercicios en su manual, los Ejercicios Espirituales.

Lo que propongo aquí es una forma de hacer el examen que funciona para mí. Pone especial énfasis en los sentimientos, por razones que espero serán evidentes. Primero, describo el formato. Segundo, les invito a pasar unos minutos actualmente haciéndolo. Tercero, describo algunas de las consecuencias que he descubierto que fluyen de este tipo de oración.

Un método: cinco pasos

1. Rezar para luz. Dado que no estamos simplemente soñando despierto o rememorando sino buscando algo de sentido de como el Espíritu de Dios nos conduce, solo tiene sentido rezar para alguna iluminación. El fin no es memoria simple sino entendimiento bendecido. Esto es un don de Dios que debemos implorar devotamente. “Señor, ayúdame entender esta confusión creciente que aturde y embota los sentidos.”
2. Repasar el día con agradecimiento. Nota que diferente esto es de buscar inmediatamente sus pecados. A nadie le gusta meterse en el banco de memoria para descubrir pequeñeces, debilidades, falta de generosidad. Sin embargo a todo el mundo le gusta apapachar regalos bonitos, y eso es precisamente lo que contienen los últimos veinticuatro horas—regalos de existencia, trabajo, relaciones, comida, retos. Gratitud es la fundación de nuestra relación integra con Dios. Se usa cualquiera pista que le ayuda caminar por el día desde el momento de despertar—aun los sueños que recuerden al despertar. Caminan por las veinticuatro horas, de hora a hora, de lugar a lugar, de tarea a tarea, de persona a persona, agradeciendo al Señor por cada regalo que encuentren.

3. Repasar los sentimientos que surgen en el repaso del día. Nuestros sentimientos, positivos y negativos, dolorosos y agradables, son señales claros de donde estaban las cosas importantes durante el día. Simplemente presta atención a cualquier asunto de día y a todos los sentimientos que surgen, el rango entero: deleite, aburrimiento, miedo, anticipación, resentimiento, ira, paz, contento, impaciencia, deseo, esperanza, pena, vergüenza, inseguridad, compasión, asco, gratitud, orgullo, furia, duda, confianza, admiración, timidez—cualquiera que estuvo presente. Algunos de nosotros a lo mejor podamos ser renuentes a enfocar en sentimiento en esta edad sobre-psicolizada. Esto nos lleva al cuarto momento.

4. Elegir uno de los sentimientos (positivo o negativo) y reza desde allí. Es decir, elegir el sentimiento recordado que más ha llamado la atención. El sentimiento es una señal de algo importante que ocurría. Ahora simplemente expresa espontáneamente la oración que surge mientras atienden la raíz de ese sentimiento—alabanza, petición, contrición, grito para ayuda o curación, lo que sea.

5. Mirar hacia mañana. Usen su agenda si ayuda, vea tú futuro inmediato. ¿Qué sentimientos surgen cuando repasan las tareas, reuniones y citas que vienen? ¿Miedo? ¿Anticipación encantada? ¿Falta de confianza propia? ¿Tentación de posponer? ¿Planificación entusiastica? ¿Pena? ¿Debilidad? Lo que sea llévenlo a la oración—para ayuda, para curación, cualquiera que surge espontáneamente. Para terminar el examen, reza un Padre Nuestro.

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