La Espiritualidad Ignaciana

ignatius-espEl legado spiritual de Ignacio penetró las vidas de sus compañeros en la Compañía de Jesús. Sin embargo dejó también otros cuatro documentos, más casi siete mil cartas que dio forma y color a su espiritualidad. Dictada hacia el final de su vida, su Autobiografía cuenta la historia de su conversión y vida hasta 1538.

Su Diario Espiritual narra una parte pequeña del desarrollo de su peregrinaje interior. Por medio de sus Ejercicios Espirituales y las Constituciones, sistemáticamente dispuso los lineamientos de la vida espiritual. Desde todas estas fuentes se puede delinear los hilos principales de su espiritualidad.

Encontrando Dios en nuestra Experiencia

Una creencia inquebrantable que Ignacio mantuvo como una roca en todos los tormentos fue que se puede encontrar a Dios en nuestra experiencia. Dios siempre viene directamente a mujeres y hombres y podrán reconocer Su presencia si abren sus corazones y mentes. El fin de los Ejercicios Espirituales es ayudar a personas experimentar a Dios directo y fuertemente. Cuando uno encuentra a Dios, se cambia para siempre. Tal encuentro libra a uno para amar con todo su corazón.

Para la Mayor Gloria de Dios

Para Ignacio, vivir significaba abrazar generoso y entusiásticamente la voluntad de Dios. Servir and glorificar a Dios llegó a ser el motivo imperioso de su vida.

Ignacio anhelaba a Dios incansablemente. Experimentó la sed y el vacío que no poder o posesión puede satisfacer. Anheló el amor total y consumador que viene solo de la fuente de todo amor. Una vez que Ignacio sintió el abrazo del amor de Dios, se esforzó con firmeza a dar la mayor gloria a Dios.
Los Ejercicios Espirituales exigen a los ejercitantes a escuchar al Espíritu Santo para descubrir la voluntad de Dios y lo que le daría mayor gloria. Por medio del proceso de su propia conversión a una vida según Cristo, Ignacio aprendió el método de discernimiento que es aplicable tanto hoy como hace quinientos años.

El Misticismo de Servicio

La Espiritualidad Ignaciana no pide salir del mundo. Al contrario, Ignacio llevó la Palabra de Dios a las aulas de clase y hospitales, orfelinatos y cámaras del gobierno. Donde sea que sufre seres humanos, el corazón y las manos de Ignacio siguió con la compasión de Cristo. No sacrificio fue demasiado grande, no sufrimiento demasiado profundo, no pobreza demasiado insoportable, con tal que el amor de Cristo mediara.

Respondiendo a la llamada de servir individuos en necesidad, Ignacio buscaba ayudar la reformación de la Iglesia. Predicó, enseñó y dio los Ejercicios en la esperanza de llamar la Iglesia por sus líderes a una re dedicación del Reino de Dios.

La Llamada a una Conversión en Curso

Ignacio compuso los Ejercicios Espirituales y el Examen diario de consciencia para ayudar la gente responder a la llamada de Cristo a la conversión.
Los Ejercicios Espirituales conducen a los ejercitantes por medio de un proceso que dura un mes y que empieza con una confrontación a su propio pecaminosidad; continúa con la contemplación del nacimiento, la vida pública, la pasión y la resurrección de Jesús; y concluye con meditaciones sobre el amor personal e incondicional de Dios para cada persona. Durante los Ejercicios los ejercitantes reciben instrucciones sobre, entre otras cosas, los tres tipos de humildad, métodos de orar, y como discernir la voluntad de Dios. El retiro en si puede ser un tiempo de conversión hacia Dios, y los métodos de oración y discernimiento son herramientas para el viaje en curso del ejercitante hacia Dios.

Devoción a la Iglesia

Para Ignacio la Iglesia dio expresión física al amor que Jesús tiene para el Pueblo de Dios. La Iglesia servía como una vía a Dios y un símbolo del amor misterioso de Dios para los seres humanos.

La devoción de Ignacio hacia la Iglesia fue motivada por su deseo de servir las almas de los cristianos. Aunque Ignacio vio que muchos problemas humanos asaltaban la Iglesia de su tiempo, su lealdad fue inquebrantable. La Iglesia se mantuvo como el heraldo de la Palabra de Dios, un siervo del Pueblo de Dios, una comunidad de creyentes y un signo del amor de Dios.

Oración que impregna la Vida Diaria

Espiritualidad Ignaciana invita gente a la oración diaria. En sus escritos, Ignacio describió varios métodos de oración solitaria y animó a la gente a desarrollar el método de oración que mejor adapte a quien es y donde están en el viaje espiritual. Ignacio reconoció con gran sensibilidad que cada individuo tiene dones diferentes y un movimiento interior del alma que es único.

Ignacio se acercaba a la oración no solo con su intelecto, memoria y voluntad, sino también con sus sentidos y con una imaginación activa.

La Disciplina de lo Ordinario

Contraria a las prácticas de su tiempo, Ignacio alentaba moderación en el ayuno y penitencia. Sabía que confrontando los rozamientos y dificultades ordinarios de familia, comunidad, ministerio y trabajo con amor requería un auto sacrificio y disciplina suficiente para probar cualquiera.
Ignacio también aconsejaba cuidado adecuado de la salud físico. Apreció el regalo de comida y recreo, reconoció que la salud del mente y del cuerpo era esencial para que uno sea efectivo en el ministerio, buscando la mayor gloria de Dios.

Ignacio para Hoy

El deseo para el amor, la esperanza y la integridad arde en los corazones de la gente hoy tanto como ardía en el corazón de Ignacio. La época de Ignacio tuvo sus demonios; nuestra época tiene sus demonios. A lo mejor no son diferentes.

El camino a Dios que surgió de la propia conversión de Ignacio puede todavía conducirnos a la liberación de los demonios de nuestra época: adicciones, avaricia, vacío del corazón, desesperación, confusión, violencia y vida sin sentido.

Durante los siglos los Ejercicios Espirituales que son el corazón de la espiritualidad ignaciana, han sido un medio poderoso para formación espiritual. Ignacio puede ser un compañero sabio y discerniente en nuestro trayecto hacia el abrazo del Dios amoroso. Por el camino podamos decir junto con ‘el, “Todo para la Mayor Gloria de Dios.”

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