Oraciones de la Tradición Ignaciana

Oración para conseguir generosidad

San Ignacio de Loyola (1491–1556)

Señor, enséname a ser generoso;
Enséname a servirte como mereces;
a dar y no contar el costo;
luchar y no hacer caso de los heridos;
trabajar y no buscar descanso;
laborar y no pedir recompensa;
más que conocer que hago tu voluntad.

Oración del Suscipe

Tomada de los Ejercicios Espirituales

Toma, Señor, toda mi libertad
Recibe mi memoria,
Mi intelecto y mi voluntad.
Todo lo que tengo y poseso
Tú me has dado;
Los devuelvo a Ti
Para usar según tu voluntad.
Danos solo tu amor y tu gracia,
Estos nos basten,
Y no pidamos más.

Anima Christi

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, inebria me.
Agua del lado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, fortaléceme.
O buen Jesús, óyeme.
En sus heridos, escóndeme.
Permítame no estar separado de Ti.
Del enemigo malvado, defiéndeme.
A la hora de mi muerte, llámame
e invítame a venir a Ti
que con Tus santos pueda alabarte.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Me has llamado por Nombre

Joseph Tetlow, S.J. b. 1930

O Señor mi Dios
me llamaste del sueño de la nada
simplemente por Tu tremendo amor.
Quieres hace cosas buenas y bellas.
Me has llamado por nombre del seno de mi madre.
Me has dado aliento y luz y movimiento.
Y anduviste conmigo cada momento de mi existencia.
Estoy admirado, Señor, Dios del Universo,
que Me atiendes y, más aún, que me estimes.
Crea en mi la fidelidad que te mueve,
y confiaré en ti y te anhelaré toda mi vida.
Amen.

Un Coloquio con Jesús

Ejercicios Espirituales, parafraseado por Joseph Tetlow, S.J. b. 1930

Acudo a Jesucristo, colgado en la cruz,
Y hablo con El.
Pregunto cómo puede ser que el Señor y Creador
podría venir de los últimos extremos de la eternidad
a su muerte aquí en la tierra,
para morir por nuestros pecados.
Luego, reflexiono y me pregunto:
¿Qué he hecho por Cristo?
¿Qué estoy hacienda por Cristo?
¿Qué debo hacer por Cristo?
Y hablo con Jesús como un amigo.

No soy digno de que entres en mi Casa

William Breault, S.J. b. 1926

Señor Cristo,
ojala pudiera ofrecerte una casa razonablemente limpia
y barrida donde habitar, pero no puedo.
Puedo decir—y saber su significado–
“No soy digno de que entres en mi casa…”
¡Pero Tú ya estás allí!
Viviendo entre los florecientes ídolos de antes.

¡El piso está sucio y a veces no hay aire en el cuarto aún para mí!

Me da vergüenza tu presencia allí,
aunque dormiste en una cueva
y sobre el burro de noche
bajo las estrellas del desierto.
Entonces, aunque no puedo cambiar Tus acomodaciones
por lo menos déjame alegrarme
de que estás presente.
Tengo que creer fuertemente, Señor,
que no puedo dudar esto:
Que tú sientas en casa con pecadores—
Y que mi pecado más grande, Señor Cristo,
¡Es que no quiero ser un pecador!
Aunque no lo acepto fácilmente—de todas maneras,
La evidencia es enorme.
Sin embargo esperanza es como un brote verde
En medio de un mundo desordenado y sin aire.

Oración para conseguir Compasión

Pierre Teillhard de Chardin, S.J. (1881–1955)

O Dios, deseo desde ahora
ser el primero en dar cuenta
de todo lo que el mundo ama, busca y sufre;
Quiero ser el primero en buscar
consolar y sufrir;
el primero de abrirme y sacrificarme
llegar a ser más globalmente humano
y el más noble de la tierra
más que cualquier de los sirvientes del mundo.

Ensena tu Forma de Ser

Pedro Arrupe, S.J. (1907–1991)

Enséñame tu forma de mirar a la gente:
como cuando ojeaste a Pedro después de su negación,
como cuando penetraste en el corazón del joven rico
y los corazones de Sus discípulos.
Me gustaría conocerte como realmente eres,
dado que tu imagen cambia con quien
entras en contacto.

¿Recuerdes la primera reunión de Juan el Bautista contigo?
¿Y el sentimiento de falta de merecimiento del centurión?
¿Y el asombro de aquellos que vieron milagros y otras maravillas?
Que tal impresionaste a tus discípulos,
La turba en el Jardín de Olivos,
Pilato y su esposa
Y el centurión al pie de la cruz.

Me gustaría oír y ser impresionado
por Tu manera de hablar,
escuchando, por ejemplo, tú discurso
en el sinagoga en Cafarnaúm
o el Sermón del Monte donde Tu audiencia
sintió que “ensenaste como uno con autoridad.”

Enamórate

Atribuido a Padre Pedro Arrupe, S.J. (1907–1991)

No hay nada más práctico
que encontrar a Dios
que enamorase
en una forma absoluta, final.

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